«Nos queremos, adoramos cambiar los roles de poder en los baños del Congreso, cuando nadie nos ve. En la sede del poder nacional nos burlamos de todas las normas que nosotros mismos defendemos. Somos de derechas y conservadores.»
El diputado y el conserje son gays y «pecan» por partida triple: por ser gays, por relacionarse íntimamente con alguien de otra clase social y por ser adúlteros ambos con sus esposas y con sus hijos.
Hoy no pueden escaparse, por el momento, porque el diputado tiene que estar disponible por si el Congreso se vacía demasiado, ya que se había comprometido a hacer bulto.
También hoy el conserje tiene que estar como un clavo en su puesto hasta que los plastas del público se terminen de aburrir de oír sandeces y se larguen todos. Especialmente una hippie con una libreta, muy molesta, que parece que los observa con atención y anota vete tú a saber qué cosas.
Y en efecto, está escribiendo esta historia…
Para comenzar un acercamiento, el diputado le tira al conserje una bolita de papel, que trata de encestar en su bolsillo oficial.
«Ya no queda nadie aquí, sólo esta chica. ¿Qué hace aquí? ¿con qué raro interés observa todo?»
