La noche anterior terminaba antes de tiempo una fiesta en la playa del otro lado de la isla. Medio enrollada con un tipo que casi no conocía, sin embargo muy cariñoso y amable…así me despertó la libido y le envié un whatsapp a mi amante: ¿Repetimos? (me refería a lo de la noche anterior).
No hubo respuesta, pero tuve suficientes luces como para despegarme del galán de noche e ir a descansar al coche, al fin y al cabo igual todavía se animaba el misterioso amigo lover.
Con optimismo crucé toda la cumbre, parada de unos agentes de la guardia civil incluida, que esta vez no detectaron mis varias cervezas en vena.
Llegué a casa como a las 12 y me dediqué a esperar un poco más fumando porritos de chocolate hasta las 3… A esa hora me despedí de mi libido abandonada a la buena de dios por ese día. Un poco de masturbación fue de lo único que «disfruté».
La disponibilidad de mi amante suele ser, con suerte, semanal. Me ayuda a sentir, vivir y seguir descubriendo mi centro sexual, que he maltratado psicológica e inconscientemente durante tantos años.
A él, lo amo incondicionalmente, le hago el amor con amor, como entiendo que tiene sentido. La noche anterior tuve mi primer orgasmo largo y consciente. Me duró hasta el baño, cuando hice pis se derramó el placer por el váter. Sentí plenitud en mi vagina, una excitación mágica, imperecedera.
A la mañana siguiente me desperté tarde, con una gran pachorra y confiada en que el barco de mi próximo viaje partía a las 10 de la noche, como suele ser habitual en esa compañía naviera. Desayuné un zumo de naranja, café y medio bocata, también esperaba alguna respuesta por whatsapp que no llegó. Me dio pena imaginarlo con otra amiga…pero no demasiado…me puse a ver, continuando con la noche anterior, intervenciones de Pablo Iglesias y navegando terminé con mi adorado Jodorowsky.
Un par de porritos nuevos, pero… me di cuenta de todo lo que me quedaba por hacer y decidí parar de fumar y echarme un poco para despejarme.
Recibí un whattapp , pero no el que esperaba, sino del desconocido que se ofrecía para cuando quisiera. Humilde y directo, interesante. Él se había enojado la noche anterior cuando le dije que tenía ganas de besar a mi amante. Su primera reacción fue hablar mal de él y ponerme a mí como un segundo plato…le dije, aunque fuera de boquilla, que no me importaba aunque yo fuera solo el postre. Entre esas sensaciones, confusiones, se me pasó la mañana….
No sé porque se me ocurrió mirar el horario del barco, miré el papel, lo volví a mirar: ¡¡¡¡¡¡¡¡ el barco sale a las 4!!!!!!!
¡¡¡¡¡¡¡¡¡ y son las 2:48!!!!! Y tengo que dejar a mi perro en una finca que está a no menos de 18-20 minutos en coche!!!!!!!!!
Lo que viene ahora es difícil de describir, es perfecto, fluido como el agua.
Cada movimiento optimizado al máximo para no dejar nada imprescindible detrás, no matarme en el coche, no atropellar a nadie y llegar a tiempo al barco. Era casi una quimera.
Tenía muy claro que deseaba ir a ese viaje a esa otra isla mágica que nunca había visitado, que quizás el destino me dejaría llegar, que quizás si se retrasara un poco el barco….
Me duché temblando, en dos minutos, cogí las cosas del baño, me vestí con lo primero que pillé, subí a buscar la maleta, la llené con lo primero que pillé, corriendo cogí el coche, metí al perro y metí las maletas (la normal y la de la playa), la manta para los barcos y la maleta de mano, rumbo a la finca.
No sé si debido a la mega fiesta de la noche anterior, no había casi ni un coche en la carretera. Me centré en conducir, sin música. Todos los sentidos para optimizar el tiempo de llegada. Haciendo cálculos me daba cuenta de la perfección de movimientos que necesitaba para conseguirlo….
Confié. Pensaba: sea cual sea el resultado, algo aprenderé, confío en lo que sea y me centro en lo que está en mi mano para llegar a tan preciado destino: entrar en el barco!
Salí de casa a las 3:08 y llegue a la finca a las 3:30. Entregué al perro y la vuelta, a las 3:33 fue apoteósica. Para arriba 22 minutos, para abajo no podía permitirme casi ni un minuto más y todos los menos posibles; no tenía la tarjeta de embarque!!!
Creo que nunca he conducido mejor. Llegué al puerto a las 3:50. Estaba lleno de coches hasta la bandera. Aparqué al final de la cola y salí corriendo, no sin antes oír a un señor de la compañía naviera decir:
¿A las 4 llegas? ¡Es demasiado tarde!
No le hice ni caso, corrí y corrí entre coches y camiones. Un camión gigante se cruzó y me retrasé unos 30 segundos más. Llegué a la terminal y no vi a nadie haciendo cola, aunque estaba lleno de gente.
Llegué a la ventanilla de la compañía naviera y ya estaba cerrada.
Miré alrededor y vi a dos chicas vestidas de uniforme:
¡Necesito la tarjeta de embarque!!! ¡Dejé el coche allí detrás!!!! Les dije casi sin aire.
¡Si, si, tranquila, te la saco! Me dijo una de las dos.
……ese fue el paraíso para mí, en ese mismo momento supe que lo había conseguido.
Respiré y celebré el destino afortunado….¡Bien !!!!
A la vuelta al coche unos amigos me saludaron, pero seguía con la inercia de la presión y la prisa, el coche estaba lejos y los coches estaban subiendo al barco. Un ¡ey! de cortesía y ellos entenderían la prisa al verme correr como alma que lleva el diablo un par de minutos antes.
A partir de entonces, todo lo que viví fue un puro regalo, que comenzó con el maravilloso paisaje de la isla que abandonaba y unos preciosos delfines saltando frente al barco, felicitándome y recordándome que siga viviendo el presente.
¡Este viaje mágico no ha hecho más que comenzar!
